miércoles, 19 de octubre de 2016

Reflexión sobre "21 días sin comer"

He estado viendo el programa 21 días y... no dejo de pensar.

¿El azúcar es de verdad una droga? ¿Qué es más adictivo: comer o dejar de comer? ¿Un ayuno temporal es tan malo? ¿Tanto importa la imagen?

No sé si tengo las respuestas...

Sé que el tema principal de este programa es la anorexia y la bulimia y todos los riesgos que conlleva... pero la verdad es que mi mente ha ido por otro camino, sin ánimo de ofender ni de ignorar estas enfermedades.

Yo sé que no sufro de ellas, pero sé que podría tener la contraria: comer compulsivamente.

No me levanto de noche a engullir ni como tanto chocolate, helado, envasados o fritos como antes... pero viendo el vídeo me he sentido muy identificada: al igual que una de las protagonistas vomita para sentirse mejor, yo como para lo mismo.

Por supuesto, los riesgos de ambos actos son muy diferentes, pero ambos pueden llevar a la muerte o desencadenar problemas cardíacos.

Quiero aprender a comer bien de verdad, llevar una dieta adecuada y sana. No busco un cuerpo perfecto ni medidas de revista, busco bienestar.

Pero uno de los problemas que veo soy yo; otro, mi familia; otro, mi entorno; otro, la sociedad...

Sé que lo único que puedo controlar es al "yo", que lo demás tengo que aceptarlo.
Pienso, casi continuamente, que debería ser más fuerte, debería poder decir "no" sola, debería controlar las meriendas y desayunos y almuerzos... Debería.
Debería esforzarme más en hacer deporte cotidianamente y debería ver resultados...

¿La verdad? No soy capaz.
Últimamente tengo mucha necesidad de estar con alguien que me apoye y que no me haga cenar 4 croquetas. Quiero hacer mis comidas, tener mil tipos distintos de lechugas y verduras frescas para la ensalada. Quiero tener preparados aliños sanos, y dejar de repetir día a día "aceite, vinagre y sal"... Quiero probar recetas sanas que tengo apuntadas. Quiero disfrutar de la comida.

Pero no puedo. Y en cada una de esas frases veo excusas, "son mis padres los que no me dejan", "no puedo llevar una dieta saludable en su casa", "es imposible hacer mi propio plan", "se ríen de cada cambio en positivo que intento dar"...

¿No debería poder  salir de este bucle de 
[sentirme mal - comer - hacer bien las cosas dos días - dicen algo - sentirme mal] ?

Y sé que tengo a mi novio, que siento que es el único que puede comprender mi frustación. Que es quien me anima y por quien de verdad he tomado conciencia de mi cuerpo, mi salud y, en general, de mi vida. Lo amo con locura y es por él por lo que cada mañana vuelvo a intentarlo.

Y sé que mis amigos me apoyan, me dicen que me ven más delgada, se alegran por mí y me aguantan XD Aunque cada uno tiene su lucha privada e intento ayudarles en ello.

Pero... ¿qué más decir? 
Puedo aguantar bastante, pero no es tan fácil.
Y por todo, lo que más me da fuerza es pensar en que un día iré a vivir con mi novio y podré cuidarme y cuidarle (habrá que aceptar su dieta).

Aquí podéis ver el programa completo que yo he visto:


martes, 11 de octubre de 2016

Yo contra mí misma

Si algo ha cambiado en mi mente es la idea de que necesito a alguien que me apoye para conseguir mis metas.

Sí, sigue gustándome y dándome un chute de energía y motivación que alguien me diga que se ven resultados o que están orgullosos de mí.

Pero, mi familia, la de sangre, no hacen esas cosas.
Dan lo bueno por sentado y sólo se quejan.

Yo ya me he acostumbrado a la manía de  mi madre de no continuar con la dieta saludable que yo quiero imponer (aunque voy consiguiendo cosas) y a la de mi padre de reírse de todos mis esfuerzos. Me he acostumbrado a ser ignorada por el resto de la familia y que mi hermano me insulte o desprecie cuando sólo quiero ayudar.

Y, en serio, estoy bien.

¿Por qué estoy bien después de decir todo esto?
Porque la verdad es que leer a algunos coach que sigo por las redes sociales me ha ayudado a cambiar mi mente.
Ahora lucho contra mí, por mí y para mí.
No hay terceras personas en esta guerra.

Ahora me miro al espejo, y no me veo como siento que soy. Me miro, intento ser objetiva, y sí, no estoy horrible, no soy fea ni soy excesivamente gorda... pero tengo sobrepeso, grasa sobretodo en las piernas y glúteos, brazos débiles y mala postura corporal.
Por todo eso cada día me levanto y pienso: Sólo esfuérzate al máximo un día más y estarás un día más cerca de la meta. Sólo un día.

Y es que para mí pensar en "sólo un día" me da las fuerzas para cumplir hoy. Sin pensar en la cantidad de semanas o meses que voy a necesitar para mi meta.
Y por eso me hago fotos periódicamente, para poder ver mis resultados.

Me he decidido: no quiero que nada ni nadie vuelva a ponerme la zancadilla, ni siquiera yo.
Estoy cansada de ver en el espejo un cuerpo que no siento mío.

Así que, lo siento mamá, yo sí voy a lograrlo, incluso sin tu apoyo.
Lo siento papá, digas lo que digas, yo hago cosas y tú no.
Lo siento hermano, no me conoces lo suficiente como para juzgarme.
Lo siento familia, no voy a esperar vuestros halagos tardíos.
Lo siento sociedad, conmigo, una vez más, no has podido.