viernes, 5 de septiembre de 2014

Puertas que no se cierran

No me está siendo fácil aceptarlo.
Aún lo quiero.
Aún lo necesito.
Me encantaría hablarlo y contarle cualquier cosa que se me pase por la cabeza. Como antes.
Porque reconozco que esos fueron más felices que recuerdo. Cuando le hablaba y él reia conmigo. Cuando pasabamos una o dos horas escribiendonos. Cuando le decía "nanays" y me contestaba "Dew".
Era feliz.
Y me cuesta no querer volver a eso. Me cuesta no decirle "buen día" y "nanays" porque me duele cada vez que no contesta. Y me cuesta no hablarlo cada tarde, pero somos amigos y "no es tan importante".
Lo amo.
Jamás podré hacerlo feliz yo.
Y lo único que puedo hacer es hacerme a un lado...

No hay comentarios:

Publicar un comentario