Acostumbrarse demasiado rápido a lo que nos hace temblar de nerviosismo, con una sonrisa en los labios, como si el paraíso fuera posible.
Pensar, al principio, que pronto finalizará. Pero desear que no pare.
Y entonces, justo cuando ya no recuerdas el pesimismo del comienzo... no vuelve.
El alma se desgarra, la pintura se salta, el moho vuelve a salir a la luz del día.
Porque esa es la verdad. Moho. Deshechos de un lejano "podría", podridos.
La esperanza sigue ahí, lo sabes. Y volverá. Invariablemente. Por masoca.
Por idiota.
Por él.
viernes, 23 de enero de 2015
Maquillaje mojado
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