Nadie descubre mi interior, ni aunque se lo explique. Es ley de vida. Soy demasiado rara.
No me quejo. Me encanta que sea así. Si alguien lo comprendiera al completo vería el enrevesado monstruo que en realidad soy y eso posiblemente sería lo peor que podría pasarme.
Así que me alegro. Pero hay veces que desearía que fuera un poco diferente. Porque hay ocasiones en las que doy mucho, muchísimo y no recibo ni la noticia de que ese sacrificio valió la pena.
No me importa destruir una amistad, entre alguien y yo, si de esa forma ese alguien va a estar con su amor verdadero. Yo no dejaría que nadie eligiera a mis amigos por mí, ni yo los elegiré por nadie; pero por lo mismo acepto que alguien sí.
No me gusta meterme en donde no me llaman, pero si el alguien entró en mi vida y yo, en algún momento, decidí que sería mi amigo... entonces la única consecuencia válida es la felicidad. Y punto.
miércoles, 29 de enero de 2014
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