A veces me siento con ganas de todo, a veces con ganas de nada.
Sé que no se espera nada especial de mí, que siga la vida como siguen las gotas el curso del río, que me mantenga entre el montón sin sobresalir, que llegue a la tumba sin ninguna reseña importante.
Además, todos me repiten que soy inaguntable. Yo pensaba que si tenía esperanza quizás se equivocaban; quizás encontraría a ese ser imaginario que pudiera estar conmigo y apreciarme, que no solo me aguantara sino que además le gustara aguantarme, esa persona que me elija a mí.
Pero, por supuesto, incluso cuando creo acercarme a ello soy incapaz de mantenerlo cerca y acabo alejándolo de mí.
Así que renuncio.
Aunque no sé cuántas noches necesitaré para aceptarlo.
viernes, 8 de agosto de 2014
Día 0
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