Quiero llorar.
Quiero estar en sus brazos.
Quiero susurrar.
Quiero que me susurre al oído.
Y quiero, quiero, quiero...
Qué tan fácil me hubiera sido estar lejos, no saber que existe, no ser más que un roto, una desolación.
Pero la vida una y otra vez rompe mi espíritu, me demuestra que mis mayores deseos, esos que pensé que jamás podrían cumplirse, son perfectamente viables. Y que aun a pesar de todo no son para mí.
Porque lo estoy viendo, y espero de corazón estar equivocada, como tantas otras veces quise estar; y allí encontrará a otra a la que mimar y decir dulzuras. Otra a la que besar y mucho más cerca de él. Otra, al fin y al cabo.
¿Qué soy en realidad? Una conversación, unas horas.
Mi alma puede volver a romperse si la dejo comenzar ese camino. Y no quiero sufrir. No quiero volver a ser... eso. Quiero ser la amada. La besada. La que tiene a alguien, ahí. La que no está sola.
Pero está claro que algo muy muy malo hice... o quizás es el precio por mi buena suerte en todo lo demás... pero está muy claro que no seré correspondida. Que el amor no es para mí. Que seré ese alma tan destrozada que se queda unida por rutina.
No puedo llorar. Nunca he podido.
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