miércoles, 24 de julio de 2013

La sinceridad ante todo:
¿Quién se atreve a contar los más oscuros secretos de sus amigos a desconocidos? Aquellos a los que yo llamo: mendigadores de gloria. Y en mi caso particular conozco a alguien así, que necesita irremediablemente sus quince minutos de fama y para ello hace lo que sea, incluso contar lo que no debe.
¿Quién? Kart. Es un mote, por preservar su intimidad, pero le llamaremos Kart.
¿Qué? Bueno, no entraré en detalles, pero imaginaos lo que puede suceder una noche, después de ver Gru2 y con ganas de fiesta... Algo así como confesiones, bailes raros, filosofías a las tantas de la mañana...
¿Cuándo? Realmente no importa. Lo que duele es que no esperó ni 24 horas para contárselo a la primera persona que se puso en su camino, que exageró todo, que volvió a quedar como si fuéramos amigos de toda la vida diciendo si volvíamos ¡un martes! (¿quién va de fiesta un martes? yo no) y que incluso delante de nuestras narices cuenta aquello que es secreto entre amigos.
Todo esto lleva a una única conclusión: necesita ser el centro de atención y dárselas de guay. Y entonces yo respondo con un: si te he visto no me acuerdo. Personas que no saben ser ellas mismas sin más, que necesitan tener perritos falderos y que no respetan el voto de amistad... Bye bye.
Así que como entenderéis espero no tener que volver a hablar de esta persona, porque por mi parte no existe.

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