lunes, 22 de julio de 2013

Las tres de la tarde y un sol abrasador en el cielo. A través del seto se ve el parque y en él están sentados, uno en cada banco, hombres. Supongo que cerca de la quinta década de su vida o más. Camisa con el último botón desabrochado, zapatos de vestir oscuros y pantalones con la raya perfectamente hecha. Parecen tener calor y ninguna gana de moverse.
Y yo pienso cuan diferentes somos las mujeres. Nunca nos verás solas en un banco. Siempre encontramos a alguien con quien hablar. Es un misterio resuelto por la ciencia el hecho de que hablemos más. Pero siempre será increíble ver cómo cinco mujeres hablando a la vez, contando cada una una historia propia y contestando a las otras cuatro sin dejar nunca de perder el hilo. Y así horas.
Magia. Os digo yo que existe. Y soy mujer.

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