martes, 2 de diciembre de 2014

Ciclos

Una y otra vez.
Te desangran una y otra vez.
Ves cómo caen cada una de las gotas y entonces te das cuenta de que casi te gusta.
Casi, porque tienes sueños y esperanzas que intentan mantener a flote un orgullo demasiado carcomido por el tiempo.
Casi, porque esa rebeldía sale de vez en cuando y sabes que mereces más.
Pero en cambio decides morderte los labios, sonreír, tragar la bilis y ayudar.
Dar cuánto tienes, todo tu tiempo y tus posibilidades para sacar una sonrisa y no dejar a la gente sentirse como tú.
Porque es lo peor del mundo.
Es horrendo sentirse insignificante y solo en un mundo tan inmenso, rodeado de gente con vidas propias.
Es horrendo no tener a alguien a quien hablar y a quien, si le pides algo, sabes que te lo dará, en la primera oportunidad que exista.
Pero nuestro mundo es egoísta, no bondadoso.
Es esa guerra explicada por Darwin, no el "primus inter pares" de la antigua Roma.
Y es en verdad algo maravilloso encontrar diamantes en bruto de bondad.
Los hay.
Y yo no soy uno.
Un ángel no puede guardar demonios en su interior.

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