miércoles, 3 de diciembre de 2014

No puedo fingir

Llega un momento en la vida en el que te cansas de estar esperando porque sientes que por más tiempo que pase nunca va a llegar y  ya no te quedan fuerzas para intentar que alguien se dé cuenta de que todo cuánto necesitas es un buen abrazo, uno de esos en los que el mundo está lejos y puedes ser incorpórea.
Y yo siento ser así, pero soy incapaz de mentir. No puedo sonreír como si no estuviera rota por dentro, no puedo fingir ni ocultar bajo la máscara las heridas. Y menos a las personas en las que confío.
Quizás por eso estoy mejor sola...
Al mundo no le gusta la verdad, no soporta que el resto llore o esté triste, esos son los débiles. Pero yo creo que los más débiles no son los que ocultan lo que sienten, sino los que se atreven a decirlo. Sin fingir para dar lástima, sin exagerar, cada uno con las reacciones que tenga, pero realistas.
Por eso, en parte, no finjo sonrisas ni oculto mi realidad.
Que piensen lo que quieran, pues aunque lo vean, nadie sabrá ni la mitad.
Soy la que más secretos guardo, la que siempre está ahí, a la que dejan sola.
No me arrepiento de ser así.
Pero a veces se necesitan de esos abrazos.

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