Sigo mal.
Y no lo soporto.
Me siento demasiado estúpida aún.
Me gustaría enfadarme con él... pero claro, no puedo.
¿Por qué? Ah, sí, porque es el maldito idiota por el que lo dejaría todo si me lo pidiera.
¿Pero de qué sirve eso? De nada, no lo penséis mucho.
Cuando amas de esta manera a una persona, es difícil. Y cuando te das cuenta de que para esa persona tan sólo eres un número más en la lista de contactos sin guardar, entonces quieres desaparecer.
Porque todo ha sido una farsa, un juego, una maldita forma de utilizarte para cuando necesita recordarse a sí mismo que vale algo en el mundo, que alguien lo quiere.
Pero, ¿quién quiere al otro? Nadie.
Como siempre.
Porque quien da, nunca recibe. Es la ley de la vida.
Todo lo gana quien ni siquiera lo necesita, ni lo busca.
Y entonces, sin saber qué tanta suerte tiene, lo pierde, y luego se lamenta.
Y quienes sí saben qué significa eso...
La gente no lo entiende... es más fácil escribir mir problemas, dejarlos públicos y ver cómo a nadie le importan que tener que contarlo para que se apiaden de mí. Además, seguramente ellos tendrán sus cosas y pues no es cuestión de que vaya yo a marear con mis chorradas de ilusiones vacías y sueños imposibles. Así que, sí, soy contradictoria, pero al menos en mis contradicciones hay una leve base de lógica pesimista, como cualquier capricornio.
Lo curioso es que suelo acabar llorando y queriendo que alguien me abrace... pero claro, nunca hay nadie. Porque en verdad siempre se está solo. Más aún cuando se es una persona a la que la gusta cuidar de los demás.
Si siempre cuidas de todos, ¿quién cuida de ti?
Y luego siempre llega alguien que te dice que estará ahí, pero mienten.
Si lo has ayudado alguna vez en tu vida, no estará para ti.
Porque seguramente siempre tendrás que estar tú para él.
Siempre pasará algo, siempre habrá algo que escuchar y algo que hacer.
Hay un número tan sumamente pequeño de personas que cuando dicen que siempre estarán ahí es porque realmente van a estar que lo único que puedes hacer es no soltarlas nunca y estar ahí para ellas, que también lo necesitan de vez en cuando. Aunque no lo demuestren.
Y el dolor se guarda bajo un maquillaje oscuro.
Las ansias, bajo un suspiro inaudible.
Los celos, con lágrimas que no llegan a salir.
La tristeza, con una sonrisa falsa.
Y el amor, con sexo por complacencia a uno mismo.
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