No puedo evitarlo, eres demasiado especial para mí.
Me cuesta esperar a responderte, aunque sea un minuto, para que no te sientas agobiado de nuevo. Me cuesta no sonreír y desear estar contigo.
Nadie me hace sentir lo que tú.
Y aunque sé que nunca podré siquiera verte un par de minutos, cara a cara, para saber que sí, que existes... hablar contigo me hace feliz.
Pese a que yo fui la que te hizo daño, la que no te merece... y sigues hablandome. Muy de vez en cuando. Pero sigues. Y esos momentos, efímeros, me llenan de gratitud.
Sé que no tengo derecho a pedir más, que incluso ya es más de lo que merezco. Y por eso me hace tan feliz y los atesoro.
Que ni recordarás mi cumpleaños, ni el primer día que comenzamos a hablar sin saber lo que iba a significar esto. Que en apenas una par de semanas será un año. Y ni me atrevo a recordártelo.
“Sé que encontrarás a alguien mejor que yo... y yo, no puedo.”
Aún te quiero, aún necesito saber que eres real, que estás ahí, que eres feliz.
Lo mejor de toda la conversación no es que me dediques esos minutos de tu tiempo, que son como un sueño, mi regalo de Navidad adelantado; lo mejor es hacerte reír, tu «jajajajaja» y esos emoticonos.
De verdad, saber que aún te puedo hacer reír para mí es lo más maravilloso del mundo. Y es que ni siquiera lo intento, simplemente te contesto tal cual soy, quizás un poco más pícara por ser tú x3. Y aún así te ríes.
Te quiero mucho, eres una de las mejores personas que he conocido y no sabes lo que daría por pasar unos minutos contigo.
Por favor, encuentra a esa chica fantástica que te hará feliz. ^^
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